De la convsersión de Astor a la genialidad de Julito
Algo que siempre nos diferenció a los cinco amigos fue la participación activa del Negro Sergio en el grupo de jóvenes de la parroquia del barrio. Los que nos decíamos “ateos”, o simplemente no le dábamos tanta importancia a la religión, tratábamos a ese grupo de chicos de nuestra edad como unos mojigatos llenos de palabrería, que luego, ni ellos mismos cumplían. Siempre estaban con eso de la fe, y “que si no tenías fe” no podías vivir lo que ellos vivían, y otro tipo de argumentos poco probables que ejercían para sacarnos de nuestra cómoda herejía. Particularmente yo, nunca soporte esa coalición “parroquiales-boys scout” que se vivía en mi barrio. Siempre me opuse de distintas maneras a participar de esas manadas “llenas de amor y paz” que me sonaban a verso y guitarra a la hora que las papas quemaban. Con el tiempo descubrí, y debo confesar que tarde, porque tipos inteligentes y críticos como mi amigo Sergio participaban de estos “centros de experimentación de vírgenes cerebros”.
Toda esta introducción eclesiástica-barrial, sirve para contar uno de los hechos que más recordamos los 5 amigos: El intento de participación de los herejes a la visita del Papa.
Corría 1987 y todo Córdoba estaba convulsionado con la llegada de Juan Pablo II a la ciudad dentro de la segunda visita que realizaba la Argentina. Había un fervor que volvió loca a la gente y casi no había nadie que no participara de una u otra forma del evento. Por supuesto Sergio estaba feliz con el acontecimiento y junto a su grupo de “amigos” católicos preparaban todo para recibir al pasajero VIP del Papamóvil. Antes de seguir con el relato de nuestra inesperada participación en ese evento religioso, debo relatar un hecho extraño que sucedió unos días antes y que aún causa sorpresa entre los amigos: La inesperada conversión de Astor.
Si hay una célula madre de esta barra de amigos, somos Astor y yo. Desde el principio del secundario somos amigos y durante muchos años fuimos inseparables. Luego se unieron en distintos tiempos y forma el Negro Sandoval, Sergio y finalmente Julito. Basado en este conocimiento del hijo de la querida e insuperable Lili, puedo decir que en ese momento a Astor le importaba un comino la religión, la Iglesia y todo lo que ella representaba. Esto era así de simple y no se trataba que mi compañero de cole era un revolucionario, sino que solo tenía otras prioridades antes que la espiritualidad institucionalizada que le ofrecían en esos tiempos. Pero para sorpresas nuestra, unos días antes de que comenzara todo el batifondo por el Papa, nos enteramos que el fanático de Cacho Castaña, se había pasado a la filas de Sergio y sus rezadores todo terreno. Particularmente comencé una búsqueda de mi amigo para comprobar las increíbles noticias que me daban de su inesperado vuelco. Creo que fue en compañía del Negro Sandoval que lo encontramos en un bar de la zona y casi sin poder creerlo asistimos a una “confesión” del muchacho con respecto a que había “visto la luz” y otras cosas más que confirmaban lo que luego se recordaría como su pasajera “conversión”. Atónitos nos fuimos del lugar dejándolo a Astor bendiciendo un Gancia, y con un mar de dudas en nuestros cerebros empezábamos a preguntarnos si los equivocados no éramos nosotros.
Todo el mundo quedó hipnotizado con la llegada del Papa a la ciudad. La visita conmocionó de distintas maneras a todos los que conocíamos, y nosotros, los tres pseudo herejes, nos empezábamos a preguntar seriamente si nos íbamos a perder semejante ocasión histórica. Cabe aclarar que tanto el Negro como Julito no eran antirreligiosos o anticatólicos, pero por cuestiones de laburo o de estudios no le daban tanta importancia a estos temas.
La noche anterior que el Papa diera la misa en el inmenso predio del Área Material Córdoba, los tres reunidos en mi casa decidimos, luego de sopesar las presión de los medios, la presión de la corporación religiosa y nuestra simple curiosidad, que íbamos a ir aunque sea para ver de que se trataba todo esto. El “auto exorcismo” al que nos sometimos para purgarnos de nuestra ideas anticlericales se produjo luego de que se nos ocurriera llegar al lugar al cuestión con una bandera que llevara la leyenda del “Diablo es un culiado”, es decir, era una manera poca ortodoxa y muy cordobesa de apoyar a la fe cristiana. La broma nos pareció buena y hasta en un momento nos envalentonamos en hacerla, pero finalmente solo decidimos hacer el esfuerzo de llegar hasta el predio en cuestión.
Y así fue que emprendimos nuestra travesía por toda Córdoba para llegar con varias horas de anticipación al lugar en donde se iba a realizar esa masiva celebración. Era pasada la medianoche y tuvimos que tomar dos bondis y caminar un montón de cuadras hasta llegar a nuestro destino. Los tres estábamos sorprendidos de la cantidad de gente que había casi 10 horas antes que empezara la misa. Grupos de chicos y chicas de todas la edades inundaban ese enorme espacio verde que pertenecía a la ex Fábrica Militar de Aviones. Había música y fogones por todos lados. Se tomaba mate a diestra y siniestra y como había que pasar la noche hasta que llegara el momento culmine de la reunión, muchos habían llevado frazadas y bolsas de dormir para combatir el frió.
En ese marco “de amor y paz” llegué junto a mis dos amigos. De a poco fuimos ganando lugar entre los grupos que se encontraban tirados en el piso, hasta que decidimos colocarnos como a unos 30 metros frente del escenario que hacía las veces de gigantesco altar. Allí nos sentamos y mirándonos a la cara nos dispusimos a pasar la noche a la intemperie, sin comida, sin abrigo, para poder ver una misa del Papa. ¡Increíble!.
Estábamos haciendo el aguante religioso, cuando vemos pasar a Astor y Sergio con dos minas que partían la tierra. Nos paramos y contentos de ver a alguien conocido en ese mar de “felices creyentes”, logramos que a fuerza de gritos y de señas nuestros amigos nos dieran bola. Se acercaron a nosotros, nos comentaron lo alegres y organizados que estaban con su participación en el histórico acto y luego de pedirnos disculpas por abandonarnos a nuestra suerte en el medio de la multitud, se fueron con sus bellas compañeras de miting papal. Fue en ese momento que me di cuenta. ¡Al fin caí! Esa era la médula de la participación parroquial de Sergio y de la extraña conversión de Astor: Las minas. Seguramente estos dos nefastos amigos míos lo negarán por el resto de sus vidas, pero era por la minas que hacían todo estos esfuerzos para encajar en esos grupos parroquiales. Sobre todo Astor, que luego de sufrir un desengaño amoroso, había visto en este ámbito una oportunidad única de conocer jóvenes muchachas ardientes de espiritualidad y amor. En el fondo comprendí a los muy taimados y en el fondo hasta me causó un poco de envidia los resultado que obtenían con sus arriesgadas estrategias de conquistas.
Pero volviendo a los rebeldes sin causa (¿?), la noche corría, el frió aumentaba, las provisiones escaseaban, y nosotros de a poco íbamos perdiendo nuestro entusiasmo y curiosidad inicial que nos habían llevado a unirnos a tan multitudinario rebaño. Tirados en el pasto nos mirábamos entre nosotros como queriéndonos decir algo pero sin animarnos a hacerlo. Los tres estábamos hartos de la excursión y de a poco fuimos soltando nuestra frustración. “Me quede sin fasos”, dijo lamentándome. “Faltan como 6 horas para que esto empiece”, soltó el Negro Sandoval entre dientes. “Como no trajimos un mate”, se preguntaba Julito mientras observaba a un fogón donde la criolla infusión pasaba de mano en mano.
De repente Julito se paró y mirando la multitud que estaba delante nuestro, genialmente dijo: “loco, cuando todos estos se paren no vamos a ver nada, mejor nos vamos a casa”. Y así fue como nuestro amigo, para los hechos el más bajo de los 5, nos dio la excusa perfecta para abandonar el predio y a pesar de todo “perdernos” la tan promocionada misa. Nos levantamos y contentos de tener una razón para irnos y no sentirnos tan inadaptados al por lo menos haber intentado participar en el acontecimiento que todos querían participar, empezamos a caminar hacia la salida.
De esta manera cerramos ese extraño capítulo de nuestras vidas que siempre me hace acordar por todas las circunstancias vivida a aquella fría noche la inolvidable frase del inefable Charly García que dice: “Querés entrar en donde te odian más”.
EL GORDO SAPO
Astor dijo
ME HICISTE CAGAR DE RISA GORDO HIJO DE REMIL PUTA
TE QUIERO MUCHISIMO
ASTOR DANIEL
antes Empresario exitoso...
hoy empleado público
13 Diciembre 2005 | 09:19 PM