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La Coctelera

La página del Gordo Sapo

Aquí se relataran las desventuras de 5 amigos cordobeses: El Gordo, Astor, El Negro Sergio, Julito y el Negro Sandoval. También encontrarás los delirios de este autor que de repente encontró sus ganas de volver a escribir

17 Diciembre 2005

Conduciendo al Gordo Sapo

Cuando uno es pendejo es capaz de hacer cualquier cosa por las minas. Cuando uno “se viene viejo”, como decía Pappo, uno es capaz de hacer cualquier cosa por las minas, pero ahora no tiene ganas. Esto viene a cuenta de un hecho de mi juventud que tuvo que ver con uno de mis amigos y uno de mis primeros escarceos amorosos.
Estábamos a mediados del Quinto año del secundario y Astor y yo nos habíamos puestos de novios con respectivas compañeras. Mi situación en ese momento con la ninfa en cuestión era mucho más endeble que la del hijo de Al Tinone, ya que la que había sido mi “pareja” tan solo por una semana, pronto se arrepintió y me dejó en banda. La situación era difícil, ya que la convivencia con una ex novia en curso de 19 personas se hacía bastante incomoda. Por lo tanto a pocos días de haber sido mandado de paseo, me propuse firmemente recuperarla y con ella mi honor dentro del cole.
Como muchas siestas de ese año, el Negro Sandoval había venido a mi casa a “estudiar”, y en vez de educarnos académicamente como correspondía, nos habíamos obsesionado en los detalles del melodrama que yo vivía. Cuando estábamos repasando por enésima vez los detalles de semejante culebrón, sonó el teléfono. La que hablaba era nuestra querida Petisa Gómez que nos informaba a modo de espía que en tal horario Sonia –la Julieta en cuestión- iría a su casa a “estudiar”. Enseguida nos dimos cuenta que esta era mi oportunidad para arremeter con mi intento de reconquista. Nos predisponíamos a marcharnos hacia el lugar de encuentro, cuando Sandoval se le ocurrió que debíamos trasportarnos en algún automóvil. Yo le dije que no porque no sabía manejar y que no podía sacar un auto de mi casa. El Negro me convenció diciéndome que él me iba a enseñar y sin pensarlo pusimos en marcha el plan.
Como habrá sido el delirio que tenía que no dudé en un momento en “robarme” el coche de mi viejo, el Doctor. Estamos hablando de una Coupe Renault Fuego que estaba en el garage debido a que mis viejos estaban de viaje. Por supuesto que mi inconciencia en ese momento no tenía límites, porque creo que si mi padre se hubiera enterado que le saqué el auto, me hubiera matado. Pero más inconsciente era mi compañero y en ese momento instructor de manejo, que no dudo en treparse la máquina y poner proa a la aventura. Manejó él unas cuadras y cuando estábamos cerca de nuestro objetivo me dio el mando a mí El resultado fue nefasto. Los cambios chirriaban, el embrague saltaba, el motor se ahogaba y como si fuera un sapo, la coupe daba pequeños saltitos en el caliente asfalto. Llegamos a la conclusión de que mi papel como piloto era inaceptable, por lo que tomamos la nueva estrategia de que el Negro iba a manejar hasta media cuadra antes de la casa de la Petisa Gómez y allí me pasaría el volante a mí, y así yo llegaría como héroe a los ojos de la que vendría ser “mi amada”. Hicimos esto y yo con la marcha en primera asomé victorioso como lo planeó mi oscuro amigo. Sin duda que las chicas se sorprendieron al vernos en semejante autazo, pero en el caso de Sonia el efecto duró muy poco, porque apenas nos quedamos solos volvió a rechazarme sin ningún miramiento. Cierto es, que solo en la cabeza de un inexperto en estas lides amorosa como yo, podía creer que un auto cambiaría lo que la muchacha pensaba o sentía por mi. No se porque cuestión se nos acababa el tiempo y teníamos que volver a dejar el auto en donde estaba. Nos despedimos diciéndoles que volveríamos para llevarlas a casa de otra compañera –Sandra- y que así podríamos seguir hablando. Volvimos desesperados ya que a pesar de que nadie se dio cuenta del “robo” nos quedamos a pie y por lo tanto no podíamos cumplir nuestra promesa. Estábamos pensando que hacer, cuando uno de mis hermanos llegó de la universidad con el coche nuevo que le habían regalado hacia poco. Le pedimos, le rogamos, le imploramos, que por lo menos por media hora nos prestara el lustroso Renault 12. Increíblemente mi hermano, al que yo creía un egoísta sin límites, me tiró las llaves y me hizo prometerle una hora para devolver el auto. Felices no fuimos a cumplir nuestra promesa y rápidamente llegamos a nuestro destino repitiendo la estrategia de la media cuadra antes. Hicimos subir a las priendas en la parte de atrás y cuando nos íbamos a ubicar nos dimos cuenta que el engaño anterior no iba a resultar. “Omar manejo yo para que vos puedas hablar”, me dijo el grone para que yo pudiera safar de conducir. Iba a responder cuando Sonia dijo picaramente soltó: “No dejalo a él, ¿no es que ahora sabe manejar?”. Nos miramos con el Negro y sin pensarlo tomé la llave y me puse al frente del volante. El espectáculo fue desastroso, si antes el auto de mi viejo parecía un batracio como saltaba, el de mi hermano parecía un matungo desbocado en pleno Jesús María. Sonia y la Petisa abrían los ojos, no tanto de sorpresa, sino por miedo que el inocente viaje les pudiera costar la vida Anduvimos algunas cuadras a bordo de esa enorme coctelera que yo decía manejar, cuando me di cuenta que si seguía al mando no solo ponía en riesgo nuestras integridad física, sino también que iba a destruir el auto de mi hermano. Entonces, casi sin pensarlo, detuve el auto en el medio de la calle y aprovechando la sorpresa de mis acompañantes del peligro inminente de ser embestidos por otros automovilistas, le exigí a Sonia con un gesto melodramático que definiera en ese mismo momento nuestra situación sino el auto no se movía un centímetro más. Siguiendo con los gestos grandilocuentes me baje y me fui a la puerta de atrás para hablar cara a cara con mi ex novia. Sandoval se dio cuenta de la maniobra y pego un salto y se sentó al frente del volante. La Petisa, que no era menos viva, también vio la situación y se sumó al grone en la parte delantera. De esa manera y gracias a mis exagerados pedidos de amor y perdón, logramos que yo dejara el volante y que Sandoval se hiciera cargo del viaje. El resto del trayecto fue digno de un culebrón venezolano, ya que el mismo ímpetu que ponía yo para declarar mi amor, ponía mi ex novia para rechazarme. Llegamos a la casa de mi otra compañera, el negro y la petisa se bajaron y creo que por lo menos una hora más seguí dentro del Renault rogando por mi amor. El resultado fue el mismo y a pesar de mi insistencia desmedida, Sandoval se apiadó de mi y obligándome abandonar el ridículo que estaba haciendo me arrastró hacia mi casa. Dejé con lágrimas el escenario del romance y nos fuimos a toda velocidad debido que ya nos habíamos pasado en el horario de entrega del vehículo. Cuando llegamos mi hermano nos esperaba en la calle con cara de enojado. Sin permitir que me retaran me bajé y lo dejé al negro “pagando” y dando las explicaciones del caso (que creo que fueron la ficticia pinchadura de una goma).
Aunque en mi vida he tenido jornadas muchas más negras y graves que esta que acabo de relatar, este periplo que hicimos con el Negro entre el Marqués y el Poeta Lugones puede calificarse como el más duro de esa época, ya que no solo me pelee con mi hermano, no conseguí reconquista a mi novia, sino que tampoco aprendía a manejar.

EL GORDO SAPO

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2 comentarios · Escribe aquí tu comentario

Negro Caballero

Negro Caballero dijo

Una vez llegue a una radio donde trabajaban unos amigos que me consiguieron un puesto ahí. Todos hablaban de un tipo grande y malo que estaba encargado de los contenidos de la radio.
Cuando fuimos a conversar con este tipo parecìa de verdad malo y en cuanto a su aspecto lo dejamos AHì?
Con el trato las cosas se aclararon. Es cuando empezàs ante un rival que en los papeles es dificil pero con el correr de los minutos no es tan complicado jugarle de igual a igual. Asì era este tipo. Ahì estuve como 3 meses màs o menos, hasta que por un problema particular tuve que dejar.
Pero volviendo a este Gerente de Programación la verdad que no era tan malo como todo el mundo lo presentaba. Con el correr de los días empecé a verlo de otra manera. Hasta fasos le sacaba de vez en cuando. Al final demostró ser mejor tipo que muchos de los que aún trabajan en la emisora del gallo aquí en la provincia de San Juan.
Por eso cada vez que juega Instituto me acuerdo de su voz ronca de tanto faso. Cada vez que me junto con Huguito Mesina nos acordamos de él . Cada vez que hago un balance de los que me dieron una mano para estar dentro de los medios de San Juan me acuerdo de vos, que aunque de manera indirecta, me diste un empujón muy fuerte para estar donde hoy estoy. Gracias Omar Garade espero que te acordes de mì.
Feliz 2006 y que se el mejor para vos y la Gloria cordobesa

Sergio Caballero
Titulares y suplentes
el negro sabroson

P/D: Lee el MiniPasión que sale los miércoles con un diario de regalo, esta en la red

27 Diciembre 2005 | 02:25 PM

Astor

Astor dijo

SERGIO:

EN NOMBRE DEL GORDO TE AGRADEZCO TUS PALABRAS.
OBVIAMENTE EL NO SABE NADA DE ESTO, SEGURAMENTE SE ENTERARA AL LEERLO.
PERO ME EMOCIONA QUE UN AMIGO MIO GENERE SEMEJANTE AGRADECIMIENTO.

GRACIAS MAESTRO Y FELIZ AÑO PARA VOS

ASTOR

27 Diciembre 2005 | 09:44 PM

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