Y al final ...me quedé con el Topo
Es cierto que nuestra barra consta de cinco amigos, pero para mi personalmente éramos 6. Los cuatro conocidos, yo y el “Topo” (ver “La calentura de Astor o que fácil es sacarle la guita a Julito"). El Peugeot 403 que heredé de mi padre fue en innumerables veces mi mejor compañero y a pesar de tener un corazón de engranajes y rulemanes, siempre me respondió con el alma, dándome todo y como recordamos siempre con los chicos “nunca nos dejo a pata”. Cada vez que lo necesite estuvo a mis órdenes a pesar de que tuviera problemas como falta de frenos-en realidad nunca tuvo-, luces o cualquier otro desperfecto que debido a mi frágil situación económica se me hacía difícil arreglar.
En una de las tantas aventuras que encaré con este coche, me di cuenta que a pesar que todos me podían fallar, el “Topo” nunca me iba abandonar. Eran casi los finales de los ochenta cuando mi amiga Sonia, en ese momento la ex del Gordo Sapo y actual de Julito, me insistía para que saliera a bailar con una compañera, que desde ahora la llamaremos simplemente La Amiga. Particularmente me gustaba la chica en cuestión y a pesar que había salido un par de veces con ella, no había logrado nada. Debido a esto, había decidido no aceptar más ningún convite en el que interviniera La Amiga, pero tanto insistieron Sonia y Julito, que ese sábado de verano decidí darle otra oportunidad a la esquiva dama.
Después de haber aceptado me di cuenta que la misión era casi imposible, ya que a pesar de mis ganas y de la de mis acompañante para ir al mítico Bongo de Saldán, mi medio de locomoción estaba esa noche particularmente averiado: Nada de luces, nada de frenos, gomas lisas, no había gato, no había llave cruz y por supuesto no había goma de auxilio. Así y todo, mi fe en el “Topo” era inquebrantable y por lo tanto decidí ir a buscar a mis amigos para partir hacia el boliche.
Como siempre tomé la ruta por el camino a los Boulevares, y quienes que recuerden esa zona de las afueras de Córdoba en esa época, se acordaran que era una de las calles más oscura que conocí. Sin luces tuve que pegarme a otro auto para hacer el viaje, pero tuve tanta mala suerte que el único que pasó a esa hora por el lugar era una Coupe Fuego que iba al “mangazo”. El “Topo” no aflojó y durante varias cuadras pudimos seguir al bólido. Dentro del auto no se escuchaba una voz debido al miedo que reinaba, y en ese miedo de ese silencio se sintió como uno de los desgastados neumáticos traseros se pinchó en medio de la travesía. Tuvimos que parar y como no teníamos nada para reemplazarlo, decidimos empujar las dos parejas el auto hasta una gomería cercana. Para colmo de males no tenía un centavo, al igual que el hoy gerentazo Julito, que si lo daban vuelta no se le caía un cobre.
Para nuestra suerte, La Amiga, que de alguna manera quería disimular las incomodas evasivas hacia mi persona, se ofreció a pagar el arreglo de la goma. Al ver tanta generosidad, Sonia se animó y también le pidió a la compañera que se pagara unos choripán hasta que el trabajo se hiciera. Una vez que el Peugeot estuvo en condiciones otra vez seguimos viaje, esta vez siguiendo otro auto que nos dio luz hasta la misma entrada de Bongo. Luego, allí tuvimos que esperar que otro auto entrara a la zona interna del boliche y así poder llegar al estacionamiento.
La travesía desde la zona del Marqués hasta a Bongo había sido toda una odisea y cuando ya me encontré en la pista de baile me decidí que todos los riesgos que había corrido y lo bien que se había portado el “Topo”, debían valer la pena. Desde el primer momento hice todas las jugadas posibles para seducir a La Amiga, que en otras ocasiones se había hecho “la dura”. Parecía que esta vez iba a ganar la apuesta, porque entre trago y trago, baile y baile, chamuyo y chamuyo, la aspirante a maestra jardinera empezó a aflojar. Minuto a minuto la temperatura subía y a medida que se veía que íbamos a concretar, más nos parecía que nos miraban todos.
Acalorados decidimos salir al reconocido jardín de Bongo, en donde las palabras sobraron y pasamos a la acción. Como diría el ordinario de Astor, “no se nos veían las manos”, y a medida que yo avanzaba La Amiga se “abría” cada vez más a mis intenciones. Volvimos a sentir nuevamente todas las miradas clavadas en nosotros, hasta los que estaban en la parte de adentro pegaban sus caras al vidrio para ver el espectáculo que dábamos. Buscamos refugio en ese siempre raro esqueleto de tranvía que había entre los árboles y una vez acomodados nos pusimos manos a la obra.
Si el lector o algún amigo que se ha dignado entrar esta página cree que sucedió lo que todos creen que debía suceder, les digo que se equivocaron. Estaba yo en plena faena, desabotonando la blusa de hilo blanca, peleando con el bretel de un corpiño rebelde, cuando La Amiga, en brusco gesto se separó de mi y casi sollozando me dijo “que ahora no podía”. Me cuesta mucho contar esto, pero les aseguró que en ese momento sentí de todo menos compresión por esta dama que se negaba a mis mas “preciados” deseos. Casi sin mirarla, me subí los pantalones y aunque traté por varios minutos de cerrar el cierre de los mismos debido a un accidente natural que había “crecido” en los últimos minutos de la refriega amorosa, y me volví hacía la pista de baile sin esperar que La Amiga se terminara de vestir.
Entré como una tromba y me dirigí directamente a la barra para pedir algo de tomar. Cualquier cosa con alcohol, ya que si no se podía c…. me iba a “rechupar”. Estaba ingiriendo un Nafta Súper (una peligrosa mezcla de un licor color azul llamado Blue Curazao con Vodka), cuando llegaron Julito y Sonia para preguntarme que me había pasado que abandoné a mi pareja en el medio del jardín. A los gritos le dije que la joven no accedía a mis intenciones, que no eran otras que las de todo hombre hecho y derecho (“la vaga no quería c….” cordobés básico) y que yo me sentía muy decepcionado por esa actitud (“me hace calentar y después no afloja”, cordobés básico, otra vez).
Mis amigos me calmaron y de a poco me “acerqué” a La Amiga, que como ustedes recordarán, yo no quería salir con ella. Decidí en ese mismo momento, que como me negó una noche placentera en lo carnal, la muy indecisa debería hacerse cargo de los gastos para que yo me emborrachara y pudiera olvidarme del nefasto momento interrumpido.
La noche llegó a su fin y todavía de noche salimos del boliche. A pesar de los ríos de “nafta” que en esos momentos corrían por mis venas, me di cuenta que salir del lugar con el “Topo” en esas condiciones iba ser un nuevo dolor de cabeza, por lo que les comuniqué a mis acompañantes que no me iba a mover del lugar hasta que no amaneciera y pudiera manejar tranquilo.
Fue en ese mismo momento en que me di cuenta que era preferible no arriesgar nuevamente a mí querido “Topo” llevándolo por la traicionera oscuridad, solo para satisfacer el apuro de La Amiga, que ya se quería volver a dormir. Por una vez opté primero por mi inseparable compañero de aventuras antes que por los deseos de una ocasional pareja de baile, ya que la experiencia me indicaba que el “Topo” nunca me dejó caliente.
EL NEGRO SANDOVAL

Astor dijo
EL TOPO ERA DE FIERRO COMO VOS, TU VIEJO, TU VIEJA, COMO TODA TU HERMOSA FAMILIA.
Y COMO LO RECORDAS CON MUCHO CARIÑO Y MUCHA NOSTALGIA, VAYA UN LAGRIMON POR EL SIEMPRE RECORDADO Y QUERIDISIMO "TOPO"
TE QUIERO MUCHISIMO
PESE A QUE ALGUN PELOTUDO/A QUE COMENTAN EN ESTA PAGINA PIENSE QUE DE AMIGOS NO TENEMOS NADA.
YO LE HE DICHO A MIS AMIGOS QUE LOS AMO INFINIDAD DE VECES.
QUE NOS HEMOS PELEADO... SEGURAMENTE. ESO NO SIGNIFICA QUE NO LOS AME, AL CONTRARIO. AL QUE NO ME INTERESA NO LE DOY BOLA.
QUE NOS HEMOS BURLADO UNO DEL OTRO, Y HASTA VECES CRUELMENTE, QUE HEMOS HABLADO POR DETRAS... SI... LO HEMOS HECHO MILES DE VECES Y LO SEGUIREMOS HACIENDO.
QUIZAS SEA UNA FORMA DE AMOR POCO COMUN, PUEDE SER. PERO ES NUESTRA FORMA. Y NO CONOCEMOS OTRA.
AGRADEZCO LOS AMIGOS QUE ME DIO LA VIDA.
OMAR
EL NEGRO SANDOVAL
JULITO
Y EL NEGRO SERGIO
EN ESE ORDEN O EN EL ORDEN QUE CARAJO QUIERAN
OJALA LOS PELOTUDOS/AS QUE OPINAN TUBIERAN AMIGOS COMO TENGO YO... QUE TE REPUTEAN, QUE SE TE BURLAN, QUE POR AHI NO TE ENTIENDEN, PERO... (Y VOY A SER CURSI) SIEMPRE ESTAN... EH! SIEMPRE ESTAN PERO NO CUANDO LOS NECESITAS SINO QUE SIEMPRE.
LOS AMO Y SE QUE ME AMAN.
Y LO AGRADEZCO
ASTOR
26 Diciembre 2005 | 06:18