Publicidad:
La Coctelera

La página del Gordo Sapo

Aquí se relataran las desventuras de 5 amigos cordobeses: El Gordo, Astor, El Negro Sergio, Julito y el Negro Sandoval. También encontrarás los delirios de este autor que de repente encontró sus ganas de volver a escribir

« Y ... | Inicio | Puteada »

19 Diciembre 2008

Fundamentalista de séptima

La nostalgia no es una emoción desconocida para mí. Acercarme a mis recuerdos mas queridos y abrazarme a ellos para disfrutarlos aunque sea unos minutos, siempre me han producido placer. Particularmente creo que este volver al pasado es muy enriquecedor, y aunque tengo en claro que cuando uno hace este ejercicio de memoria está comparando lo bueno vivido con su presente, es bueno hacerlo a pesar de los riesgos que se corren. También tuve momentos de melancolía, pero trato de que sean solo “momentos”, porque no me gusta volver atrás con historias tristes.
Por otra parte creo que la nostalgia debe ser un catalizador de nuestras almas. Debe funcionar como un recordatorio de lo que podemos hacer, de lo felices que podemos ser, de lo audaces que tenemos que ser. En lo que no creo es en vivir en la nostalgia. Me parece que instalarme en esa emoción produciría en mí un estado de ánimo que viviera pendiente de las mieles del pasado; y todo aquello que no nos deje ver el presente y el futuro no es bueno. Esta más emparentado con la resignación, sentimiento que quita posibilidades de vida y que se puede traducir en un “ya nunca seré lo que fui”. Es más me animaría a opinar que la frase “todo tiempo pasado fue mejor” y encierra en pocas palabras el pánico cultural que existe contra el cambio.
Así estaba yo, feliz con mis ideas, hasta que me topo con yofuialbelgrano.com. Primero por curiosidad y luego con el fin de encontrar datos de queridos amigos, me sumergí en este océano de recuerdos que realmente me tienen asombrado. No solo por la imagen que tienen de quien le escribe, sino que yo pensé que nadie se acordaría de mi. Por distintas razones. Porque me echaron en tercer año y porque recuerdo no haber sido un modelo de alumno y menos de compañero. Así que desde la alegría que tengo le agradezco a cada uno que se comunicó conmigo a través de la página por acercarme a estos tan placenteros momentos de nostalgia.
Y en este “salir del closet” de mi pasado belgranense, he decidido contarle porque yo siempre me consideré un “fundamentalista de séptima”, y de paso repasar al máximo a mi querida sección.
En aquella época tenía la sensación de que Séptima era una especia de Arca de Noe, en donde lo más versátil y variopinto de las personas se habían conjugado en un solo curso. Algunos aseguraban que habían decidido poner a los de peor conducta todos juntos (¡Como serían los de Octava!), y otros menos dramáticos, explicaban que estaban ahí por el puntaje obtenido en los exámenes de ingreso. Seguramente nunca sabremos cual fue el método utilizado para reunir a semejantes especimenes en una sola aula.
De lo que si estoy seguro es que yo estaba orgulloso de pertenecer a Séptima, y tenía mis razones para estarlo.
Empecemos con mis compañeras. Yo veía a diario como sufrían estas pobres niñas a semejantes inadaptados que les habían tocado en suerte. Les aseguro que eran personas especiales porque pocas veces he visto tipos más guarangos, ordinarios y mal llevados como alguna parte del plantel varonil de nuestra sección (desgraciadamente tengo que incluirme en este grupo). Pero así como nos sufrían, creo que también se divertían, y de alguna forma nos querían. Digo esto porque recuerdo que en una Olimpiada observe como mis compañeras de peleaban a cartelazos con unos cobardes que se reían de nuestras habilidades en un partido de volley.
Mi recuerdo de púber que abandonó el guardapolvo y lo enfundaron en un saco, es llegar por primera vez al aula y quedarme embelezado con la belleza de Gabriela Martínez. Si la tuviera que comparar, para mi era una Grace Kelly de 12 años. Además de simpática y coqueta, era muy seductora. Todos nos peleábamos para ver quien se le declaraba primero, y no recuerdo bien quien tuvo suerte. Seguro no fui yo, porque habré sido atorrante, pero muy tímido con las mujeres
Por orden alfabético a mi me tocaba sentarme con Sandra Helman, una enorme rubia, que tranquilamente podría haber sido la reemplazante de una de las cantantes de ABBA. Hermosa y con un poderoso carácter, más de una vez me salvo la vida con las guías y otras cuestiones educativas. Después con el tiempo ella siempre eligió sentarse con otra compañera. No la culpo, seguramente no estaría bien visto compartir el banco con semejante proyecto de criminal.
También recuerdo a Griselda Matoski, una portentosa morocha que siempre me dedicaba una sonrisa. Con su peinado de Farrah Fawcet se paseaba imponente con su delicado e inmaculado guardapolvo blanco. Otros nombres que se me vienen a la cabeza son los de Ana María Cimó (una mujer de armas tomar), Gabriela Bosetti (una rubia callada y angelical) y una vivaz morocha de apellido Garay, de la que ahora no me acuerdo el nombre.
Pero sin duda, mis preferidas eran María del Carmen Velo, Cristina Mancilla y María Alejandra Pedrazzani. Estas tres mujeres fueron mis mejores amigas en aquella época. No se si alguien recordará a la petisa Velo. Era una preciosa pecosa que se comportaba como una compinche más. Dulce y pícara, me siguió en más de una de mis travesuras. Buena en los deportes –la única buena de todo el curso-, le hizo ganar más de un partido de hanball a sus compañeras. Creo que fue a fin de segundo año que dejo de ir al cole, y nunca supimos muy bien porque.
Cristina creía que era mi vieja. Ella siempre estaba atenta a que lo que hacía, como y porque lo hacía. Risueña, divertida y muy, pero muy inocente, siempre caía en alguna gastada preparada especialmente para ella. El trío Garade-Parga-Mengarelli la tenía en la mira, y a pesar de ser bastante pesados, ella siempre nos perdonó. Mi cariño hacía ella todavía persiste a pesar que hace años que no la veo. Después del cole nos íbamos caminando hasta la plaza Colón porque nos costaba separarnos. Enamoradiza, soñadora y excelente alumna de francés, fue mi amiga más cercana durante mi estadía en el Belgrano.
María Alejandra estaba prendida a una nube y así vivía. En primer año la recuerdo aniñada de bucles, y en tercero una sexy morocha de pantalones bombilla y sonrisa de oreja a oreja. Yo la volvía loca debido a su exhuberancia pectoral. Por supuesto que ese juicio mío solo se basaba en mis fantasías juveniles. Indudablemente la flaca tenía una gran paciencia y no me mandaba a la mierda de buena que era. Iba a tomar mates a su casa, y luego de más grande la volví a ver, y seguía tan bella y colgada como siempre.
En cuanto a los varones, recuerdo a muchos de ellos. El petiso Fonzo que era terrible y que tenía su propia bandita dentro del curso. Creo que uno de ellos era un chico de apellido Mazzochi. El flaco Fígoli, un rubio medio aporteñado de muy buen carácter. A Javier Cohen, un tipo queridísimo, muy preocupado por el estudio y que siempre andaba cerca de los quilomberos, pero nunca se metía. Alejandro Burdisio que me hizo hincha de Instituto, pasión que mantengo hasta ahora. Iba a estudiar a su casa en alta Córdoba. Creo que sus viejos tenían un almacén y la pasábamos bárbaro.También recuerdo a Alejandro Zaug, uno de los mellizos Mirgone, Jorge Álvarez Luque (su sonrisa era imborrable), el gordo Salcedo y Oscar Piamontesi.
Por supuesto que los más cercanos a mí era los enanos malditos que nombre antes. En realidad no éramos tres, al principio fuimos cuatro. Un compañero de apellido Mendoza era tan o mas quilombero que nosotros. Abandonó en primer año y jamás supe nada más de él.
Gustavo Mengarelli era un Robert Redford en miniatura. El petiso tenía loca a todas las mujeres de la escuela. Pícaro, rápido, brillante, con el éramos capaces de hacer cualquier cosa. Desde meternos en el vestuario de las chicas en medio del grito desesperado de muchas chicas que estaban semidesnudas, hasta tirar el kiosco del patio del primer piso. Nos mirábamos y ya sabíamos que macana íbamos a realizar. Compañero de peleas. No arrugaba nunca y casi siempre con chicos de cursos más grande. Más de un novio celoso le quería pegar, así que siempre aparecíamos con Pablo a copar la parada. Yo para esa época era enorme, así que más de uno arrugaba. También es cierto que nos comimos más de una paliza, pero no éramos de quejarnos. Cuando yo me fui el petiso se puso muy triste. Creo que al año siguiente se fue él. De a poco la sección como la habíamos conocido, iba desapareciendo.
Pablo era la inteligencia hecha persona. La forma de divertirnos con él era desde la ironía, desde el sarcasmo, desde la ridiculización del otro. Para ser sinceros éramos bastante insoportables y despiadados. Rapidísimo con las respuesta y vivísimo para salir airoso de más de un incidentes, Pablo era el “cerebro criminal” de esa banda. También se la aguantaba el ojudo y menudo como era, se prendía a las piñas como el mejor. El me llevo a jugar al rugby a la U y me pasaba tardes enteras tomando mate y estudiando en su casa de la Quinta Santa Ana. Su viejo era profe de Taller del cole, pero eso nunca le importó demasiado a la hora de jugarse en las trapisondas que nos mandábamos. Conocí en el un corazón noble para con sus amigos, que también quedó dolido cuando me echaron.
Una vez nos llaman a los tres al gabinete de psicopedagogía. Sentados frente a un escritorio, la profesional nos aseguraba que éramos un desastre. Que entre los tres teníamos no sé que record de amonestaciones. Que no sabían que hacer con nosotros, que nos iban a echar si seguíamos así. Yo estaba ubicado al medio de mis dos compinches. Cuando miró a un costado veo que Pablo se larga a llorar y empieza a gritar que el “es así” porque su padre le pega con un látigo todas las mañanas. Yo lo miraba y no lo podía creer. Estaba tratando de escuchar la increíble historia del ojudo, cuando veo que al enano le empiezan a dar unos espasmos en su cara, como si tuviera un ataque de algo. De un lado llantos y del otro espasmos. Yo me quería morir. A estos dos no les importaba nada lo que decía la mujer y se le estaban cagando de la risa en su propia cara. Cuando me di cuenta, me largue una carcajada que casi la despeiné. Me dio un ataque de risa que casi me desmayo. Imagínense la escena. Pablo lloraba, el enano se retorcía y yo me desgañitaba de la risa. La mujer se levantó enojadísima y nos echó del consultorio. Salimos, nos empezamos a reír los tres y nos fuimos a fumar un faso al bar del frente.
Así era todo el tiempo con mis compañeros de séptima, ya sea con los varones o con las mujeres. Y yo estaba totalmente enamorado de mi curso. Para que tengan ustedes una idea de este amor, no se si recuerdan las olimpiadas intercurso de tercer año. En esa oportunidad todo el curso sabía que nuestras posibilidades deportivas eran nulas, por lo tanto seguramente seríamos últimos en las posiciones finales. Cuando nos enteramos que por la presentación daban un punto, decidimos realizar una gran producción para ese momento.
Todo el curso tenía unas camisetas anaranjadas con unos listones negros, que si recuerdo bien llevaban la palabra séptima a un costado. También había una bandera, que en una de mis tantas mudanzas la encontré dentro de mis cosas, estoy seguro que si la busco la vuelvo a encontrar. Yo particularmente me había hecho una camisa que llevaba una inscripción en la espalda que decía “Omar y los Tigres (era la figura del animal) de Séptima”.
Pero a pesar de estar uniformados, el mayor esfuerzo lo hicimos en conseguir una mascota. Una paciente de mi viejo tenía granja y gracias a mi insistencia logre que me prestara una oveja. Pobre animal. Lo que sufrió con nosotros en esa jornada fue indecible. La tuvimos todo el día agarrada con una soga al cuello. Al principio se resistía, pero después se calmo y nos seguía todos lados. La formación de la presentación fue en la cancha de básquet que estaba al lado del gimnasio cerrado. Fuimos la conmoción de ese acto y ganamos el único punto que sacamos en toda la olimpiada. En cuanto a las competencias no ganamos ni un solo partido al ajedrez y de muchas disciplinas nos expulsaron por mala conducta, tanto de los varones como de las mujeres.
Por lo que he contado y por otras cosas más, siempre me consideré un fundamentalista de mi sección. Y por lo que les he contado y por otras cosas más, se habrán dado cuenta cuanto quería y recuerdo a toda esa gente. Y por lo que les he contado y por otras cosas más, entenderán cuanto me dolió haber dejado del Belgrano. Seguramente debe haber una explicación para entender porque uno hace cosas para alejarse de lo que más quiere. Yo no la conozco, pero si me reconozco muy feliz en los recuerdos de esa época de mi vida.

PD: Seguro que me olvido de nombres de personas queridas y desde ya pido disculpas, pero les aseguro que a medida que vaya recordándolos –y si me ayudan mejor-, escribiré de ellos.
EL GORDO SAPO

servido por omar 1 comentario compártelo

1 comentario · Escribe aquí tu comentario

GABY

GABY dijo

y?? quiero leer algo graciosos, amoroso, meloso o que se yo, pero cortito.. amigo que le pasa que no actualiza!!!!!! UN ABRAZO

25 Enero 2009 | 11:10 PM

Escribe tu comentario

« Y ... | Inicio | Puteada »


Sobre mí

Avatar de omar

La página del Gordo Sapo

Córdoba, Argentina
ver perfil »
contacto »

Buscar

suscríbete

Selecciona el agregador que utilices para suscribirte a este blog (también puedes obtener la URL de los feeds):

¿Qué es esto?

Crea tu blog gratis en La Coctelera